ETC, la epidemia que la NFL prefiere ignorar
POR: Ana Cecilia Escobar el Vie, 01 de Febrero de 2013, 15:11 pmEl 1 de diciembre de 2012 Jovan Belcher salió de su hogar en Kansas City con destino al estadio de los Chiefs de Kansas City como todas las mañanas. Llevaba consigo un arma, con la que había disparado a su novia Kasandra M. Perkins, madre de su pequeña hija de tres meses de edad.
Apenas llegó al estacionamiento se topó con Scott Pioli, el gerente general de su equipo, a quien le dio las gracias por “la oportunidad” y acto seguido se dio un tiro en la cabeza.
El exitoso jugador de futbol americano de apenas 25 años, se unió entonces a una lista en preocupante crecimiento de profesionales del deporte que se quitan la vida.
¿Qué lleva a los atléticos, adinerados y amados deportistas del deporte más popular de Estados Unidos a tomar una decisión como esa?
La Encefalopatía traumática crónica
La conducta errática de Belcher coincide con los síntomas identificados con la enfermedad que incluyen depresión, agresión, furia explosiva y pérdida de la memoria a corto plazo.
La Escuela de Medicina de la Universidad de Boston lleva a cabo una investigación de los efectos de las contusiones cerebrales en soldados, boxeadores, jugadores de hockey y de futbol americano.
El centro constituye el banco más grande del mundo de cerebros de atletas, conservados en hielo seco. Los últimos dos años, el número de órganos se incrementó hasta incluir alrededor de 75 cerebros, cuya investigación respalda las conclusiones de la Dr. Ann McKee, directora del laboratorio.

McKee identificó que la enfermedad es equivalente a la “demencia pugilística”, asociada tradicionalmente con boxeadores y constituye un peligro para quienes se exponen a contusiones de forma repetitiva.
De los 75 cerebros estudiados, 34 pertenecen a ex jugadores de la NFL. De ellos, 33 mostraron señales inequívocas de ETC, como la disminución de su tamaño, agujeros entre los ventrículos donde debería existir una membrana y ovillos de proteína que obstruyen el tejido cerebral y provocan la destrucción celular.
El ETC empieza con dolores de cabeza y problemas de concentración en sus primeras etapas, le sigue la depresión, cambios de humor extremos y pérdida de memoria. En los casos más avanzados de deterioro cognitivo se manifiestan síntomas similares al Alzheimer y Parkinson, demencia declarada e incluso, la muerte.
*Stevan Ridley, noqueado
Los caídos
Al igual que Jovan Belcher, de los 50 casos diagnosticados en el banco de cerebros con ETC, no menos de 10 murieron por suicidio y muchos otros lo hicieron en situaciones extrañas y violentas como persecuciones de autos o sobre dosis de drogas.
Entre ellos, está la trágica muerte de una de las leyendas de la NFL, Dave Duerson. La estrella de los Chicago Bears, los Patriotas de Nueva Inglaterra y los Bills de Buffalo le dio 11 años de su vida a una carrera repleta de triunfos.
Su millonario salario acorde y astucia para los negocios, le permitió retirarse y mantener una vida acomodada con un próspero negocio de distribución de alimentos. Al lado de su esposa Alicia y sus cuatro hijos, pasó más de una década con un estilo de vida de ensueño.
Sin embargo, al paso de los años, varias malas decisiones provocaron la caída de sus negocios hasta tener que declararse en bancarrota y con ellos el deterioro de su relación con su esposa. Su comportamiento, de nuevo, coincide con los síntomas de ETC.
Consciente de sus padecimientos, Duerson se dio un disparo en el pecho en Febrero de 2011 y dejó la clara indicación de que su cerebro fuera donado al “banco de cerebros de la NFL” es decir, el centro en Boston dirigido por la doctora McKee.
Las consecuencias
La NFL donó en años recientes alrededor de un millón de dólares al banco de cerebros de Bedford, Virginia, que conducen estudios sobre ETC. Aunque para algunos, sobre todo, para los seres queridos de las víctimas, ya es demasiado tarde.
Alicia Duerson, ex esposa del futbolista declaró a The Guardian “nunca nos educaron sobre las heridas cerebrales. Cuando un jugador se pegaba, el entrenador le mostraba dos dedos y preguntaba ‘¿cuántos ves?’ el jugador contestaba ‘tres’ y el entrenador lo mandaba de vuelta al campo. Lo trataban como una broma.”
Al igual que Duerson, muchas mujeres que cuidan de sus esposos ex jugadores como Laurie Navon (novia de Jim McMahon) Mary Lee Kocourek (esposa de Dave Kocourek) y Mary Ann Easterling (viuda de Ray Easterling) han manifestado los retos que implica tener como pareja a un hombre que padece de ETC.
Otros casos, no sólo lo cuentan, sino que quieren tomar cartas en el asunto. Cartas legales.
Es por eso que el escritorio del prominente abogado Gene Locks, ex jugador de futbol americano, está repleto de demandas en contra de la National Football League. Representa a más de 4, 000 ex jugadores y sus esposas que acusan al imperio deportivo de encubrir heridas cerebrales de la gravedad previamente descrita.
Y es que desde hace más de 50 años, las advertencias sobre el peligro del juego se han manifestado en sin número de ocasiones.
En 1903, antes incluso de la formación de la NFL, el New York Times calificó al futbol de “violencia homicida.” Al año siguiente, 18 jugadores de la liga murieron a causa de heridas en la cabeza. Como consecuencia el presidente Theodore Roosevelt convocó a los representantes pertinentes a la Casa Blanca para exigir una reforma de seguridad y nuevas reglas. Con el tiempo, no sólo estas sino el equipo de protección se fortaleció.
Sin embargo, la naturaleza salvaje del deporte permaneció y de cuando en cuando surgieron las críticas. En 1978 Sports Illustrated advirtió que “a medida que las heridas se acumulan, incrementan las demandas y las tasas de seguros se disparan, el deporte se dirige a un crisis.” Un panorama muy similar al actual.
En 1994, la revista advirtió de nuevo “evidencia preocupante estadística y anecdótica indica que la contusiones son la epidemia silente del futbol.”
Pero tuvieron que pasar 16 años para que hubiera una respuesta más clara por parte de la NFL. La liga formó la Mild Traumatic Brain Injury Commitee (Comité de heridas cerebrales levemente traumáticas) para estudiar el asunto.
Este era dirigido por un reumatólogo no reconocido como una autoridad en el tema, que publicó una serie de investigaciones que minimizaban los riesgos a largo plazo de los golpes en la cabeza.
Tanto el Comité como la glamorización de los golpes en los artículos de promoción de la NFL, constituyen los argumentos de la demanda en contra de la liga.
Las demandas, consolidadas en la corte federal de Philadelphia, hacen dos acusaciones principales.
La primera es que la NFL debió haber sabido hace décadas que la colisiones repetitivas conllevan el riesgo de daño cerebral permanente. En una “posición superior de conocimiento y autoridad, la liga falló negligentemente a su deber legal de proteger a sus jugadores.”
La segunda es que “la NFL tomó la responsabilidad voluntariamente de estudiar el impacto de los golpes a la cabeza, y fraudulentamente escondió sus efectos a largo plazo.”
La batalla que seguirá podría convertirse en la revelación de detalles sórdidos de un periodo durante el cual la NFL ofuscó la evidencia intencionalmente. De ser cierto, esto podría alejar a los fanáticos que lamentaron el suicidio de jugadores como Dave Duerson, Andre Waters y Junior Seau. (Lee más sobre las demandas a la NFL en el artículo de Business Week)
La alternativa
Un casco a prueba de contusiones parecería ser la respuesta. Pero el asunto no es tan sencillo.
Hace un par de años, el Dr. Stefan Duma de Virginia Tech y su equipo desarrolló una prueba para calificar los cascos de futbol. Antes de esta, prácticamente la única condición indispensable era que fueran lo suficientemente fuertes para evitar fracturas craneales. De acuerdo a su escala no existe ningún casco en el mercado que evite por completo el riesgo de contusión. El más cercano es uno que reduce el riesgo en un 85 por ciento, el Riddell 360.
Sin embargo, de acuerdo a los expertos, Riddell es el límite de los alcances de la tecnología. Para hacer un casco completamente seguro, se requerirían casi 40 centímetros de espuma protectora, que es prácticamente imposible colocar dentro del casco. La opción, por ende, es colocarla por fuera, que es precisamente el concepto de Pro Cap, un aditamento para cascos popularizado por el defensa Steve Wallace.
De nuevo, la idea supone sus propios riesgos. El acolchonamiento externo provoca un rebote tal que la fuerza del golpe se traslada al cuello lo que podría derivar no en una contusión sino en parálisis corporal y un montón de jugadores parapléjicos. (Lee otras alternativas en la investigación de Fast Company).
Este, entre otros retos de diseño, llevan a una conclusión: la NFL tiene la clave para hacer del deporte uno mucho más seguro. Cada uno de los expertos en cascos consultados, estuvieron de acuerdo en que cambiar las reglas haría una diferencia real.
El futbol es un deporte brutal. Chocar tu auto contra una pared de ladrillos una y otra vez tendrá sus consecuencias aunque lleves puesto un casco de 400 dólares.
Las consecuencias que ahora conoces mejor.
¿Vale la pena perpetuar un deporte por tradición, pasión o identidad a pesar de las vidas de quienes lo hacen posible?
La NFL tiene la última palabra.

